Una tarde que se imprime en naranja. Naranja de unos rayos de sol que se reflejan en los campos de espigas que cubren las llanuras de La Mancha. Anaranjada la cara de aquel hombre que sentado frente al atardecer come una BigMac con Coca-Cola. Un contraluz cítrico en los rizos de la joven del bolso verde que charla con su amiga. Intenso naranja el que rebota en los cristales del centro comercial y hace entornar los ojos de la pequeña que los mira. Naranjas que pasan a rosas y violáceos mientras escribo estas líneas. Naranjas, la macedonia de esta noche llevará naranjas.

Me falta el portátil de 1.800 euros que contenía siete años de mi vida. Fotos con amigos, de viaje, en el trabajo, comiendo en sitios exquisitos o un bocadillo en el campo, tomando el sol en playas de arena fina, riéndome a carcajadas… He perdido cuentos que convertí en digitales y que había escrito con lápiz cuando era niña. Echo de menos postales que recibí por e-mail y me animaron en momentos puntuales, que se quedaron guardadas en la carpeta ‘Para Sonreir’.  Añoro pelearme con la máquina informática por ser poco eficaz convatiendo virus, y desesperarme frente a la pantalla de inicio por su lentitud al arrancar mi usuario. Me gustaría volver a decir una vez más ‘esta misma tarde te formateo’ y no hacerlo, como de costumbre. Pienso en todos los trabajos que contenía y prefiero no recordarlo. Aún no he hecho recuento y demoro cuanto puedo ese momento porque me da pereza volver a sentirme triste. Y todo porque falta Educación.

No podemos acoger a niños patera y dejarlos en manos de una sociedad corrupta. No es justo que después de haber arriesgado su vida los metamos en guetos donde van a aprender lo que no deberían saber hacer. No es posible que sigamos permitiendo que muchos menores, ya no sólo extranjeros, confíen su vida al robo porque es un tremendo Fracaso de la sociedad, es una consecuencia indecente de la mala educación. Familias que están corrompidas anidan potenciales corruptos, y no contamos con ninguna herramienta para erradicar este virus. ¿Qué hacer? ¿Condenas más estrictas? ¿Seguimientos policiales más controlados? ¿Reeducación familiar? ¿Quién debe hacerlo? ¿El gobierno nacional, autonómico o local? ¿Mediante qué administración? ¿La educación, la policía, asuntos sociales?

Y mientras continuamos haciendo preguntas cien denucias por robo duermen hoy junto a la mía en el Juzgado de Menores de Granada. Es difícil recordar sus caras exactas, pero es aún más complejo el entender qué demonios está pasando con esta sociedad.

En silencio, tus labios esbozan un dulce rezo. Le hablan a ella, lo sé. Esa suave modulación, esos gestos descargados de tensión, ese exquisito encuentro entre ambos bordes de tu boca únicamente ocurre cuando te diriges a ella. Y sonríes cuando crees que la ves, y entonces las palabras callan. Y se escapan gritos de pasión cuando quieres susurrar que no se vaya. Y tropiezas con llantos que ahogan tu garganta en el momento en el que recuerdas que ya no está. De forma incoherente deseas decir a todos lo mucho que te duele, cuánto te quema el alma, mas no es la forma, las palabras no sirven ahora. Perfilados con sal salen expulados tus sentimientos. Escuchamos el sonido de tu corazón resquebrajándose, las llamas que matan tu felicidad, el final del precipicio al que ha caído tu valentía y el cerrar de una puerta tras la que se ha escondido tu ser. También sin verbo nos dirigimos a ti, sólo atiende a nuestros latidos que aspiran a apaciguar tu ánimo. Rodeado de brazos amigos, sólo llora y continúa pensando que ella entrelazará su mano con la tuya para el resto del camino.

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¿Cómo reflejar los misterios de la locura a través del arte? Los alumnos de Bellas Artes de Granada nos sumergen en la profundidad de la mente humana y nos recuerdan que, en algún momento, todos podemos ser desconocidos hasta para nosotros mismos.

Una sábana blanca cubre un cuerpo sobre la acera. Siluetea la figura de un ser que quiso olvidar parte del pasado, que decidió aprender de lo ocurrido y consiguió innovar sobre su imagen. Algunas pastillas están esparcidas muy cerca de ella, mejorarían su estado de ánimo, o al menos eso le prometieron. De camino a casa, una azada, un golpe seco y lágrimas. Gritos de indignación, puños que contienen rabia, labios que no dejan escapar el dolor. Rafaela, madre de cuatro niños, yacía este mediodía en la calle principal de Pinos Puente.

Su ex pareja pasará la noche tras negras líneas de hierro, el pueblo llora por ella.

Ayer se cumplió un año de la muerte de Vicente Ferrer y hoy quiero recordar el texto que le escribí aquel día en mi antiguo blog:

Ofreció su vida para que otros conocieran lo que es vivir. Estableció una pugna silente frente a la pobreza, un combate contra la desidia de los mundos desarrollados, nos motivó a miles de personas a compartir su estructura generosa, su incondicional valentía.

Admiro sus manos, que tantos futuros han labrado con el único apoyo que desde nuestro cómodo mundo hemos podido aportar, unos míseros euros que a él le han valido para formar a cientos de familias, para crear un poso de educación en una sociedad desestructurada por la falta de compromiso de quienes duermen plácidos habiendo invertido millones en un pateador de balones.

Abrazó sus sueños, fue consecuente con su esencia, siguió a sus entrañas, comprendió lo importante y se dedicó a ello. Férreo Ferrer, Vinculado Vicente, desprendido amigo, maestro de lo posible, caballero del esfuerzo, atípico Ser Humano.

Reconoce en las lágrimas de quienes hoy te lloran las sonrisas de los miles que te aman. Siente en las cientos de palabras que hoy se escriben por tí, la fascinación que has creado en el mundo y el reconocimiento de tu profunda revuelta social.

Simplemente descansa Vicente, porque has sembrado sosiego y está germinando el futuro en Anantapur.

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